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Los zajumerios de Ahigal, una celebración ancestral del solsticio de verano

Continuamos con nuestro recorrido por los pueblos más singulares de OESTE Digital. En esta ocasión viajamos a Ahigal, perteneciente a la mancomunidad de Trasierra - Tierras de Granadilla
La fiesta de 'Los zajumerios de Ahigal', de orígenes ancestrales, se celebra en la noche de San Juan y consiste en prender fuego a un manojo de tomillo y romero.
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Las tradiciones, las leyendas y hasta el propio habla de una determinada zona constituyen un elemento esencial de la identidad de los pueblos y marcan el carácter de sus pobladores de una forma especial. Así ocurre con Ahigal, un pueblo en el que arranca la época estival con la ancestral fiesta de los zajumerios.

Los vecinos, en el ocaso del 24 de junio, comienzan los preparativos para llevar a un punto casi místico la noche de San Juan en el pueblo. Cada familia sitúa en las inmediaciones de su vivienda un pequeño montón de tomillo y romero al que prende fuego la matriarca. Exige la tradición mojar los manojos con agua para que se consuma despacio, pues lo que se busca en realidad es la mayor cantidad de humo posible.

A estas hogueras humeantes y muy aromáticas se las conoce como zajumerios. Los vecinos y conocidos saltan cada una de las pequeñas piras que pueblan esta noche casi todas las puertas de las viviendas habitadas de la localidad. Lo hacen de una forma pausada, saltar solo es una parte del ritual. No obstante, el primero que estrena el zajumerio es el padre de familia, que esquiva la fogata pronunciando unas rimas, como si de un conjuro se tratara, a la par que esquiva el fuego y su cuerpo se impregna del humo:

Por aquí pasó San Juan

Yo no lo vi

Sarna en ti

Salud en mí

A continuación empiezan a saltar el zajumerio los amigos y conocidos de la familia que ha preparado la hoguera. Lo más curioso es que a la vez que saltan profieren nuevas rimas. Se trata de una petición de salud y bienestar para alguno de los anfitriones:

Sarna en una encina

Salud pa’ tía Antolina

Sarna en un cesto

Salud pa’ tío Modesto

Se focaliza en la sarna todos los males o dolencias que puede sufrir una persona y con este ritual se pretende trasladar lo negativo a un objeto inanimado y favorecer o invocar lo positivo de las personas a las que se menciona.

Sarna en un papel

Salud pa’ tío Miguel

Sarna en una aguja

Salud pa’ tía Raimunda

El humo, lo más importante del zajumerio, lo impregna todo, a las personas que saltan, a los espectadores; pero también se cuela en el interior de las casas en cuyas entradas se prende para “defender la morada de los males contagiosos, de la tormenta, de los incendios, de los poderes del mal de ojo y de otras artes brujeriles”[1].

Las calles presentan un aspecto fantasmagórico con sus hileras de piras diminutas. No solo se aprovecha esta noche los efectos purificadores de este humo aromático. La tradición oral de los vecinos de Ahigal sostiene que la ceniza de estos zajumerios tiene propiedades muy beneficiosas.

Lavarse con ella la mañana de San Juan es un remedio eficaz contra las enfermedades de la piel. Pasear los animales sobre las cenizas les protege de enfermedades y alimañas. Incluso la ceniza restante se esparce por los pequeños huertos que rodean el pueblo porque posee efectos fertilizantes y propicia una excelente cosecha.

Los vecinos de Ahigal vienen celebrando esta tradición desde tiempo inmemorial, no sólo en la noche de San Juan, también la noche del 29, cuando conmemoran a San Pedro e incluso para festejar Santa Marina, ya avanzado julio.

 

[1]    Domínguez Moreno, José María.(1984). La noche de San Juan en la Alta Extremadura.

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