Garrovillas de Alconétar, una historia de puentes

Realizamos un recorrido por la historia de uno de nuestros pueblos más singulares, Garrovillas de Alconétar
Alconétar significa 'el segundo puente', y son precisamente los puentes, los que caracterizan su historia. Ahora, con OESTE tenemos un nuevo puente, el de la fibra óptica que conecta a Garrovillas de Alconétar con el futuro.
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Alconétar significa “el segundo puente” en árabe; en clara relación con Alcántara, que es “el puente” en la misma lengua. En la confluencia de los ríos Tajo y Almonte se asienta un primitivo poblamiento donde los romanos construirán dos puentes para salvar el paso de la Vía de la Plata. Alconétar es la historia de sus puentes. Del control que ejercerán los futuros pobladores del territorio en el acceso.

A finales del siglo X los musulmanes levantan una atalaya desde la que defender y controlar el puente. En el XII pasa la zona a control de los Templarios y empiezan a habitarse las inmediaciones del castillo cristiano.

A mediados del siglo XIII cae el castillo en manos de la corona y fue en este contexto cuando, según diversas fuentes, sobrevino un acontecimiento que provocaría el éxodo de la población de Alconétar. Algunos autores sostienen que ocurrió “un cataclismo, alguien saqueó y destruyó la villa”[1]. Otras versiones apuntan a una riada del Tajo, que anegó y destruyó buena parte de la población. Desde entonces, y hasta la construcción del puente del ferrocarril por Eiffel a finales del XIX, solo se podrá cruzar el Tajo en barca.

A inicios del XIV Alconétar se despuebla y sus habitantes se refugian en la cercana Garro, una aldea de la jurisdicción de la primera hasta ese momento. Puede que la confluencia de los antiguos vecinos de Alconétar y los de la aldea de Garro diera lugar a una nueva entidad conocida hasta 2001 como Garrovillas, -en plural-.

Alfonso X le otorga el título de Villa con el fuero de la antigua Alconétar. Garrovillas queda convertida en cabeza de los siete lugares que constituían la jurisdicción de Alconétar. El auge de esta localidad va a ser marcado y hará que llegue hasta el siglo XIX como una de las localidades más prósperas y pobladas de la provincia.

El siglo XX, sin embargo, va a ser el del éxodo de muchas familias garrovillanas en busca de un futuro mejor en unas tierras más ricas. La población de Garrovillas pierde casi cuatro mil habitantes en la segunda mitad del siglo[2].

En 1969 se construye el embalse de Alcántara, que seguirá el curso del majestuoso Tajo hasta la antigua Alconétar, lo que provocará la inundación de los primeros poblamientos humanos del término de Garrovillas. Solo emerge del agua la torre del homenaje, reconvertida atalaya cristiana.

Para evitar que desapareciera bajo el agua, se trasladaron los restos del puente de Alconétar a una ubicación no inundable, aunque fuera de contexto y poco valorizado.

La historia de Garrovillas de Alconétar, conocida así oficialmente en el siglo XXI, es la de sus puentes; puentes que se construyen para conectar y poblar la zona; puentes que se destruyen como consecuencia de los enfrentamientos bélicos o el paso del tiempo; puentes que se trasladan para evitar que se sumerjan con la inundación provocada por el embalse del Tajo.

También es una historia de puentes hacia el futuro, hacia la alta velocidad ferroviaria y de vehículos; puentes hacia una mejor conexión local y global de las personas que siguen poblando el territorio.

 

 

[1]    Antonio Floriano Cumbreño.

[2]    6,429 hab. (1950). 2,503 hab. (2001). INE.

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