La Serrana

La Serrana de La Vera, una leyenda viva en Piornal y Garganta la Olla

Cuenta la leyenda que Isabel Carvajal murió a mediados del siglo XVI. Unos dicen que en la horca, otros que fue torturada hasta el final y hay quien asegura que se quitó la vida. Sea como fuere, y tras todo este tiempo, anecdóticos son los testimonios que no creen que esta mujer existiera.

Dicen que vivió sus últimos tiempos en una cueva cercana a Piornal, en un paraje salvaje a caballo entre el Valle del Jerte y La Vera; subsistiendo a base de bichos y hierbas, asediada por la soledad y sus odios hacia la sociedad.

Isabel Carvajal ha llegado hasta nuestros días en la memoria colectiva conocida como La Serrana de La Vera, un personaje de leyenda que mixtura lo humano y lo animal en la Sierra de Tormantos, uno de los rincones más bellos y naturales del norte de Extremadura.

El reflejo de esta heroína de Tormantos llega más allá de los pobladores de la zona y también es visible como personaje literario en obras de Lope de Vega y Luis Vélez. También son numerosos los estudiosos y eruditos que se acercan a La Serrana de La Vera desde una perspectiva historicista o etnográfica.

No solo en la literatura o en la memoria oral pervive La Serrana de La Vera. Son muchos los topónimos que aún hoy la recuerdan en aquellas tierras altas que pobló. En homenaje a ella se conocen un puerto, una barrera, una cueva, una fuente, una ruta; incluso una hospedería, una casa rural, una estatua o un grupo de folk.

La Serrana de La Vera es memoria viva del pasado y el presente de esta paradisíaca zona de Extremadura.

Allá en Garganta la Olla,
por las tierras de la Vera,
se pasea la Serrana
bien calada su montera;
con la honda en la cintura
y terciada su escopeta.

•••

Se ha encontrado a un pastorcillo
que jugaba a la rayuela
y la dice: –Pastorcillo,
bien remachan tus ovejas.–

•••

Remachen o no remachen,
qué cuidado le da a ella.

•••

Pastorcito, pastorcito,
¿sabes tocar la vihuela?

•••

Sí, señora; sí, señora,
el rabel si usted me diera.

Le ha cogido por la mano,
le lleva para su cueva.

No le lleva por caminos,
ni tampoco por veredas.

Le lleva por unos montes
más espesos que la yerba.

•••

Pastorcito, pastorcito,
esta noche, rica cena,
de perdices y conejos
la pretina traigo llena.

En lo más alto del monte
le encontraron ya en la cueva.

Cuando entraron, la Serrana
le mandó cerrar la puerta;
y el pastor, como era diestro,
la dejó un poco entreabierta.

Agarrado por la mano
le ha subido la escalera;
le mandó luego hacer lumbre
y al resplandor de la hoguera
ha visto un montón de huesos
y un montón de calaveras.

•••

¿Cuyos son aquí estos huesos
y estas tantas calaveras?

•••

De hombres que yo he matado
por esos montes y sierras,
como contigo he de hacer
cuando mi voluntad sea.

Pastorcito, pastorcito,
toma y toca esa vihuela.

El pastor no se atrevía
Y a tocar le obligó ella.

La serrana se durmió
al compás de la vihuela.

El pastor la vio dormida
y se echó de puerta afuera.

La serrana despertó
aullando como una fiera
y saltando como corza
le siguió un cuarto de legua.

•••

Pastorcito, pastorcito,
que la cayada te dejas,

•••

Mucho palo hay en el monte
para hacer otra más nueva.

•••

Pastorcito, pastorcito
que te dejas la montera.

•••

Mucho paño hay en mi pueblo
para hacer otra más buena.

•••

Pastorcito, pastorcito,
que te dejas una oveja.

•••

Aunque cien mil me dejara,
a por ellas no volviera.

Con la honda, la serrana
tiró al pastor una piedra,
que si no es por una encina
le derriba la cabeza.

Anda, le dice, villano,
que me dejas descubierta;
que mi padre era pastor
y mi madre fue una yegua;
que mi padre comía pan
y mi madre pacía yerba.

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